Óscar Moral Ortega, un español justo y benéfico
Buenas tardes, muchas gracias, un saludo a todas y a todos.
Señor delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, querida Eire García, amigos y amigas de Óscar Moral, ese es el título que hoy nos convoca y nos iguala y no hay que hacer más distinciones.
Querido delegado del Gobierno, gracias y trasládalo al Gobierno de España por la concesión de esta alta condecoración del Estado a nuestro apreciado Óscar Moral y a ti muy particularmente porque fuiste la autoridad que la propusiste atendiendo una petición del movimiento social de la discapacidad, tanto madrileño como español.
Y gracias por abrir las puertas de esta Delegación del Gobierno a este acto emotivo, entrañable, que seguro nos va a costar algún esfuerzo para contener la emoción, pero que creo que va a rendir, vamos a realizar un homenaje a la memoria reconocible y grata de Óscar Moral.
Hay algunas tradiciones religiosas -espirituales, si se quiere-, distintas y distantes, en varias partes del mundo, pero que coinciden, que dicen que la divinidad creadora, quien ha generado el mundo, también a los seres humanos, no lo destruye, pese a la maldad de estos, porque hay muy pocos, una serie de personas justas, que no se conocen entre sí, ignoradas por la mayoría, pero que evitan, cuando la ira se exacerba de esa divinidad creadora, evitan que la obra sea destruida. Y reparo en esto, porque yo he tenido la sensación, tratando más de 25 años a Óscar Moral Ortega, me he complacido en pensar, he querido pensar que era una de esas personas justas, que no se conocen entre sí, que son muy pocas en número y que evitan que el mal, ya no digamos un dios que destruye, un dios vengativo, sino que el mal, que es producir con conciencia malestar en las personas, en las colectividades, avance, que son capaces de contenerlo y de retenerlo.
Y pienso también por qué estas tradiciones espirituales se concentran en la justicia, en la persona, en el hombre, en la mujer justa. ¿Por qué no en otras virtudes o cualidades como la belleza o la bondad, que son, digamos, como los bienes supremos al que aspira el género humano, la familia humana? Y la justicia, ¿por qué? Porque es esa virtud -la justicia es una de las cuatro virtudes clásicas cardinales, ¿no?- que tiene que ver con la vida en colectividad, con la vida en comunidad, porque las otras quizá puedan pertenecer más al fuero interno, al ámbito más íntimo de la persona, y la justicia se despliega siempre con los demás, con los otros hombres, con las otras mujeres, en la vida en comunidad, donde surgen los problemas y donde también solo puede haber la salvación, porque la salvación sólo puede ser colectiva y no solo personal.
Y aquí quiero engarzar a ese hombre justo que era Óscar Moral Ortega, ese hombre que sabía que la justicia es un ideal, que no se alcanza plenamente, que la sentimos muy lejos, que como el horizonte cuando nos acercamos a ella se distancia, que parece que nunca va a llegar y que los instrumentos terrenales que tenemos para llegar a la justicia, que nos manchan las manos, son la política y son el derecho. Y él optó por el derecho y fue un abogado en ejercicio con muchas décadas a sus espaldas. Y cuando Óscar Moral Ortega, como persona con discapacidad, como persona con discapacidad adquirida en la infancia, en los primeros momentos casi de su vida, cuando el derecho no era un ámbito abierto, accesible, que pudiera permitir que una persona con una gran discapacidad, con necesidades de apoyo intensas, pudiera participar, progresar, ser reconocido, ser reconocible en esa esfera. Pero Óscar Moral Ortega lo logró y utilizó el derecho -y podía haber sido un miembro destacado de un cuerpo jurídico del Estado, un abogado del Estado, un fiscal, un juez, cualquier puesto elevado de esos cuerpos tan prestigiosos de la administración, de la justicia o al servicio de las administraciones públicas.
Podía haber sido un abogado de empresa y haber estado defendiendo, y es legítimo, los intereses de grandes corporaciones. Podía haber sido un abogado de ejercicio liberal atendiendo a cualquier demanda de asesoramiento, pero él dijo que se debía a sus iguales, a otras personas con discapacidad, familias de personas con discapacidad, al movimiento asociativo a la discapacidad, a las grandes organizaciones como las que prestó servicio, desde el CERMI y otras, pero también a las pequeñas y a los casos concretos. Y en ello creo se revelaba la genuina y la auténtica hombría de bien, ese corazón abundante que tenía Óscar Moral Ortega.
Y utilizando el derecho, que es a veces una herramienta ingrata. Los que no saben de derecho pueden pensar que no es divertido, que es aburrido, que es plúmbeo, pero el derecho es una arma transformadora y Óscar Moral Ortega sabía utilizarlo y usarlo para ese propósito. Y eso es la ejecutoria de Óscar Moral Ortega a lo largo de estos treinta años de militancia cívica, desde la sociedad civil, desde el movimiento organizado de la discapacidad, aspirando a la justicia y utilizando el derecho como herramienta para atraer en la medida de lo posible -y en las dosis que se nos permite en la vida, en la tierra, con las dificultades, en el plano práctico de la vida de cada uno-, las mayores dosis de justicia y de aplicación y de ejercicio regular de los derechos. Y por eso el movimiento de la discapacidad ha contraído con él una deuda impagable.
Es de las personas que señala, que orienta, que nos dice que se puede avanzar, que cuando tenemos la tentación, que a veces nos sucede, del desaliento, de decir aquí no cambia nada, todo es igual, la injusticia sigue, nuestros derechos se ven vulnerados, Óscar Moral Ortega nos dice que con compromiso, con trabajo, con colegialidad -porque no se puede hacer casi nada solo-, desde la debilidad de un movimiento asociativo -nos gustaría hacer mucho más, son tantas las demandas legítimas que no podemos atender o resolver en el momento, o que se van, por ejemplo. pienso en el ámbito de la accesibilidad, prolongando tanto que nunca llegamos a verla del todo- y eso nos puede inducir a la resignación o a veces a la desafección y a decir nada merece la pena.
Creo que el ejemplo de Oscar Moral Ortega nos hace ver que sí, que todo ese trabajo merece muchísimo la pena, que los progresos se producen, que los progresos no caen del cielo, que se deben a la conciencia, a la actuación, al vigor y con la solidaridad y el trabajo en equipo con otras personas que están en nuestra misma situación o incluso en peor situación.
A veces, en debates que teníamos él y yo, en los que hablábamos de cuestiones jurídicas, de investigaciones o libros que compartíamos, más allá de la cuestión práctica del día a día; y él me recordaba -esto es también muy de condición humana, que todo tiempo pasado fue mejor y que el presente siempre nos parece que se ha degradado y que no está a la altura de los mejores momentos, los momentos estelares de la humanidad. Yo no soy tan fervoroso del pasado, creo que todos los momentos tienen oportunidades y hay que saber aprovecharlas, incluido el presente, pero él me recordaba una norma jurídica, porque hablábamos de derecho, me recordaba la Constitución Española de 1812, la Pepa y esta Constitución, que yo animo a que se lea, aunque solo sea por mero ejercicio literario, porque tiene una prosa espléndida de nuestros ilustrados, de quienes más luces tenían en ese momento, en los principios del siglo XIX, la Constitución Española en uno de sus artículos dice que los españoles, recordaréis que es de ambos hemisferios, porque en ese momento España era España y América, los españoles tienen el deber de ser justos y deben ser benéficos. No era una aspiración, no era un consejo moral, era un deber jurídico, un imperativo normativo, los españoles deben ser justos y benéficos. Pues bien, estimo que como el paradigma del mejor de los derechos y que se atrevía a decirlo, que no simplemente era un deseo moral, sino una realidad, pues tengo para mí que Óscar Moral Ortega ha representado en grado sumo, en grado eminente, de la mejor forma posible, el haber sido un español justo, un español benéfico y que su paso por esta vida, por esta tierra, ha traído mucho bien. Y eso entiendo es el mejor homenaje, el mejor recuerdo, la memoria agradecida que podemos prestarle a Óscar Moral Ortega, y que se traduce en este reconocimiento que gracias al Gobierno de España se le va a conceder esta tarde.
Muchas gracias.
(Transcripción de las palabras del presidente del CERMI Estatal y de la Fundación Derecho y Discapacidad, en el acto de entrega de la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil, a título póstumo, a Óscar Moral Ortega)
