Óscar Moral Ortega, una vida dedicada al bien común
Autoridades civiles, institucionales, miembros del tejido social, familiares y amigos, compañeras y compañeros del movimiento social de la discapacidad,
Hoy nos reunimos para rendir homenaje a alguien extraordinario.
Aquí, en la sede de la Delegación del Gobierno de España en Madrid, en la casa del Gobierno de España en Madrid, nos convoca la gratitud. Y también, inevitablemente, la ausencia.
Pero las ausencias no se llenan guardando silencio. Se llenan recordando, nombrando, abrazando lo vivido.
No se llenan con olvido. Se llena con memoria, con compromiso y con verdad.
Quiero comenzar con una idea que me acompaña desde que leí un artículo que hablaba de la diferencia entre un “buen hombre” y un “hombre bueno”.
Un “buen hombre” puede ser alguien correcto, que
cumple, que procura no molestar.
Un “hombre bueno”, en cambio, es otra cosa. Es alguien honesto, generoso, alérgico al cinismo. Es quien se alía con la justicia incluso cuando exige sacrificio. Quien se indigna ante la desigualdad y decide actuar.
Es quien pone su conocimiento al servicio de los demás sin pedir nada a cambio. Quien, en un mundo lleno de ruido, elige el camino difícil de la decencia.
Hoy, por tanto, no homenajeamos a un “buen hombre”. Hoy honramos, con toda la emoción y el orgullo, a un hombre bueno. A uno de los mejores.
Porque Oscar Moral era muchas cosas, pero sobre todo era un hombre bueno.
Óscar Moral dedicó más de tres décadas de su vida profesional a la defensa jurídica de las personas con discapacidad.
Tras licenciarse en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y obtener un Diploma de Estudios Avanzados en Derecho Civil, ejerció como abogado del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid desde 1995.
Fue abogado, sí. Pero antes que abogado, fue un humanista. Un defensor incansable de la dignidad humana. Un aliado de quienes más barreras encontraban. Un acompañante leal de las personas con discapacidad y sus familias.
Desde 1990 trabajó con organizaciones que, gracias a él, transformaron su manera de defender derechos. Prestó sus servicios al CERMI, al movimiento asociativo, al mundo de la discapacidad, con una mezcla casi única de rigor jurídico y compasión profunda.
Y en 2018 asumió la presidencia del CERMI Comunidad de Madrid, donde volcó su energía, su inteligencia y, sobre todo, su bondad.
Durante esos años, con su tenacidad, su conocimiento del Derecho y su sensibilidad humana, Óscar contribuyó decisivamente a la defensa de los derechos de las personas con discapacidad.
En todos los ámbitos. Derechos de accesibilidad, igualdad de trato, inclusión social, justicia sin barreras.
Su figura fue y seguirá siendo un referente del movimiento asociativo, del ejercicio ético de la abogacía, y de la convicción de que el Derecho puede cambiar vidas.
Y Óscar entendió y nos hizo entender a muchos, entre los que me encuentro, que la discapacidad no resta valor, que la discriminación no es un destino inevitable y que la justicia solo lo es cuando llega a todas partes.
Su figura se vuelve aún más grande cuando recordamos que dedicó su vida a defender derechos que durante mucho tiempo parecían secundarios para la sociedad.
Él los convirtió en prioridad. Los puso en primera línea. Los defendió como si le fuera la vida en ello.
¡Qué bonito final de sus años de lucha poder haber visto como la reforma del artículo 49 de la Constitución cerraba años de discriminación, al menos sobre papel!
Gracias a personas como Óscar, España cuenta hoy con un movimiento social de la discapacidad mucho más fuerte, más articulado y más respetado.
Gracias a él y a quienes han luchado a su lado, todos los aquí presentes, hoy hablamos de accesibilidad, de igualdad ante la ley, de inclusión, no como concesiones, sino como derechos.
Su pérdida es irreparable, pero también es cierto que pocas personas dejan un rastro tan inspirador como el que deja Óscar.
El Gobierno de España concede hoy, a título póstumo, la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil a Óscar Moral Ortega
Este reconocimiento significa que el Estado expresa su gratitud por una vida dedicada al bien común. Tal y como señala el propio preámbulo de la Orden del Mérito Civil, esta distinción se concede a quienes han prestado “servicios relevantes a la Nación, con ejemplar conducta al servicio del interés público”.
No hay definición que encaje mejor con Óscar, porque su vida entera fue de servicio público, desde el Derecho y desde el activismo.
Hace unos días, el Ministerio de Derechos Sociales también decidió concederle la Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social, otro reconocimiento que reafirma la magnitud de su aportación.
A su familia, a quienes más le quisieron: España os acompaña en el orgullo inmenso de saber que Óscar hizo mejor la vida de miles de personas.
A sus compañeros del CERMI Madrid y de todo el movimiento: que el mejor homenaje sea continuar su tarea, que la fuerza que tenía para defender cada causa justa siga viva en cada uno de vosotros.
A toda la sociedad madrileña: que sepamos reconocer a quienes luchan por la igualdad, la dignidad humana, el respeto por la diversidad y la justicia social.
Decía el preámbulo de la Orden del Mérito Civil que esta distinción se concede a quienes encarnan la “virtud cívica”.
Óscar encarnó esa virtud de principio a fin. Fue un abogado brillante, un defensor incansable y, sobre todo, fue un hombre bueno. Uno de esos hombres buenos cuya pérdida nos hiere, pero cuyo ejemplo nos salva.
Que esta Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil sea, para las madrileñas y madrileños, un recordatorio luminoso y presente.
Gracias.
(Palabras del delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid en el acto de entrega de la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil, a título póstumo, a Óscar Moral Ortega)
